Te hago daño.
Todas las veces que me has dicho que te hago llorar, todas y cada una de ellas me confunden profundamente. Me dices que es ilógico pensar que no sé por qué te hago daño, pero la verdad es que estoy tan poco acostumbrado a tener que medirme con alguien, que pierdo la noción de lo que digo muchas veces.
En momentos tu sonrisa es enorme, abarca toda mi visión y es lo único que existe para mí en el mundo, y después, un par de palabras salen de mi boca y esa sonrisa se desvanece más rápido de lo que me es posible comprender. Tu semblante cambia, tus colores se tergiversan. En un momento irradiabas, exotérmica, y en el siguiente consumes indotérmica.
La razón más grande por la que estoy contigo es precisamente una fijación insana y demente de hacerte feliz. Lo necesito. Necesito tus sonrisas, necesito tus risas, necesito tus brazos y tus manos. Necesito...
Te hago llorar.
Me confundes enormemente. Me confunde la manera en que ves el mundo. Me confunde la forma en la que escribes. Me confunde el modo en el que giras tu cabeza, en el que me miras, y en la distancia que nos separa. Aún y cuando te tengo en mis brazos, te siento distante, te siento vacía, te siento inalcanzable. Aún y cuando estamos sentados en la misma banca, mirándonos a los ojos, siento que no estás ahí. Siento que ves algo que no existe, y siento que te odias por hacerlo.
Odio no poder ser lo que quieres. Odio no poder tratarte como te mereces. Odio no estar ahí para tí en todo momento. Sin embargo más que eso... odio no pensarte tanto como tú me piensas a mí. Odio que no me lastimas, que no me hieres. Odio que lo que me duele es el dolor que te causo, no el que tú me causas a mí.
Me tienes miedo.
Tienes miedo a que te rompa el corazón. Y deberías. Tienes miedo a que te lastime. Y es correcto. Tienes miedo a que un día, que para tí vendrá de la nada, te corte de mi vida. A que te diga que lo siento, que no eres tú, que soy yo. Que ya no te veo igual, que estoy aburrido. Que no me aportas nada, y que te vaya bien. Y al final de todo, después de los colores y las analogías, después de las películas y las canciones, después de los libros y la ironía...
Incertidumbre es lo que nos queda.
Emilio (23c0n).