miércoles, julio 09, 2008

La senda

En este momento estoy experimentando una sana dosis de nostalgia. No significa que no me haya acostumbrado a mi nueva forma de vida o que tenga ganas de regresar. Es sólo esa leve y dulce tristeza que envuelve a los momentos bellos del pasado. He querido escribir esta entrada desde hace tiempo, pero esta es por fin una buena ocasión.

Me ocurrió esto hace un par de meses. Estaba encerrado en una oficina haciendo mi tedioso servicio becario. El tipo con el que trabajaba se fue media hora antes de yo acabara lo que estaba haciendo. Así que estaba solo en esa oficina, terminando un par de cosas y me puse a pensar en mi ya próximo verano aquí y después mi semestre de intercambio. Contemplé cómo mi vida iba a cambiar repentinamente y las cosas que no iba a poder hacer cuando me fuera. Pensé por un momento en la preparatoria y en todo lo que había dejado atrás.

Y de pronto, vino a mi mente un pequeño poema, muy famoso, que había escuchado mil veces porque es parte de una canción. Un puñado de versos al que nunca había puesto verdadera atención y que nunca antes me habían conmovido. Cómo lo recordé sin querer y en esas circunstancias, no lo sé. Las palabras surgieron de mi memoria y las contemplé por primera vez en muchos años:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Antonio Machado (Proverbios y cantares XXIX)

Es cierto: no hay un camino preparado para uno en la vida y hay que vencer enormes obstáculos para alcanzar las metas. Pero no es eso lo que me conmovió. La imagen que hizo resonar mi nostalgia es la senda que nunca se ha de volver a pisar, los momentos que quedan atrás y no volverán, las huellas borradas por el viento, la vida que uno traiciona al avanzar, incluso los recuerdos que desaparecen como si nunca hubiesen ocurrido.

Salí de la oficina y caminé hacia la calle con la puesta del sol frente a mí. Pensé cómo cada segundo era arrastrado por la corriente del tiempo y, en honor al poema, miré hacia atrás.

0 comentarios: