Por más que me gustaría convencerme de que éste sueño es tan ordinario como los que siempre tengo y desecho al despertar, sé que en esta ocasión ésa no es la realidad. Es curioso utilizar las palabras sueño y realidad en la misma oración, mas tengo clara noción de que es inevitable en esta situación. En el sueño estabas tú, estábamos todos, estaba yo, y estábamos nosotros. Todos los que llegamos a ayudar a los menos afortunados nos encontrábamos ahí.
El lugar era un hotel, enorme, más de 20 pisos, localizado al lado de una montaña. Sabía que era un sueño por las sutiles pero no por eso menos persistentes irrealidades que acontecían, tanto arquitectónica como físicamente. Verás, las ventanas que daban hacia la montaña, tenían vista al mar, cuando lo que realmente estaba del otro lado del cristal eran metros y metros de la más impenetrable roca jamás concebida por nuestra madre Naturaleza.
Sin embargo, en mi soporífera imaginación lo tomaba como una coincidencia bastante lúgubre e interesante. Una nimiedad insignificante que aunque rayaba en el absurdo no evitaba que me sintiera cómodo en ese lugar, en ese momento, ahí. Y se nos convocó a una junta. Compartíamos cuarto tú, yo, y ellas dos. Ellas dos corrieron al ascensor, se nos adelantaron, y se fueron sin nosotros. Tú y yo conversábamos plácidamente sobre temas poco trascendentales, mientras esperábamos nuestro turno.
El viaje en el elevador se dio sin consecuencias, lo cual noté como mucho más curioso que la imposibilidad estructural del hotel, precisamente debido a que en los sueños no suceden cosas normales, hay una especie de ley y norma tácita e invisible que no permite ese tipo de sucesos. A pesar de lo cual, procedió que nuestra travesía por el túnel hasta llegar a la azotea fuera completamente estándar.
Llegando a la cima, salimos por una puerta. Mis ojos no me permitían mentiras, y al vislumbrar lo que había en la cima me quedé atónito por un momento. Nos encontrábamos en una meseta, justo al lado del hotel. Parecía que la montaña había sido rebanada por la mitad, y en su lugar se depositaba un espacio completamente plano, mas lo que se encontraba en el centro de ese espacio vacío era lo más impresionante. Nota lo impresionante: en el centro del espacio se encontraba un vacío. Pero no un vacío de nada… era un vacío de penumbra. Alrededor de ese vacío se encontraba un barandal, sobre el cual notamos que todos estaban recargados.
Sin realmente saber lo que acontecía en el abismo, nos acercamos. De nueva cuenta el sueño era evidente en la falta de cuidado que poníamos en nuestra aproximación. Al llegar al barandal, movimientos repentinos del otro lado del foso nos obligan a divertir nuestra mirada. Dos leones se encuentran en campal batalla, y para nuestros atentos ojos detienen su pelea, y nos voltean a ver. El león (o leona, ahora que lo recuerdo con más precisión), comienza a rodear el foso para ir hacia nosotros.
Los demás se encuentran paralizados, pero tanto tú como yo estamos completamente alertas, y comenzamos una apresurada retirada. Sin voltear atrás, corro hacia las escaleras, y emprendo mi descenso mientras tú esperas el elevador. Siento una incoherencia salir de mi boca urgiéndote que desistas en tan inútil tarea, pero volteas la cara, llena de esperanza.
Mi sorpresa viene al verte parada frente a la puerta de nuestro cuarto. No puedo escuchar a nadie en los pisos de arriba, lo cual aumenta mi sentido de la preservación, y abro frenéticamente la puerta, para dejarte pasar y cerrarla con apuro. Más sorprendente aún es para mí la tranquilidad y completa calma que se viene sobre mí al sentir que esa puerta separa las quimeras de nosotros. Suspiro lenta y deliberadamente, y me desplomo en la cama.
Tú estás parada frente a mí, y me volteas a ver a los ojos. Por un interminable y eterno segundo, nos vemos mutuamente. Y puedo sentir cómo ves a través de mí, y mi miedo deja de ser. Despacio, con premeditación, te acercas a la cama, y sin decirlo, me agradeces estar ahí, mientras me besas la mejilla. Oleadas de alivio surcando por mi cabeza, sin decirlo te hago entender que las gracias no son necesarios, y regreso tu gesto besándote la mejilla.
Tu famosa necedad te obliga a volverme a besar la mejilla, pero tu contacto se mantiene por un instante más. Con mi tren de pensamiento lleno de entendimiento, beso la esquina de tus labios, me armo de valor, y te beso debidamente. Tú suspiras, y te acuestas a mi lado. Vuelvo a emprender mi travesía por tus labios, y mi cuerpo entero, y el tuyo también, se estremece de nuestro contacto.
Siento que brillo, siento que luz emana de mi corazón, aunque esa luz no sea observable para mí. Mas puedo ver tu luz, puedo ver cómo nace de tu pecho y se expande hasta llenar mi visión de claridad. Sin decir una sola palabra, me tapas los ojos, y yo tapo los tuyos. Siento tu calor mezclándose con el mío, y nos besamos hasta que nos duelen los labios. Aún puedo sentir nuestro contacto, una sensación juguetona que me hace retorcerme de añoranza… Pero el dolor de la irrealidad borra tu rastro de mi boca.
Emilio (23c0n).
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3 comentarios:
Qué título más perfecto...
El sueño que narras parece tan real y ficticio a la vez, tan maravilloso, confuso y abominable como muchos sueños lo son. Y sobre todo, tan traicionero...
qué sueño tan cursi emElio JAJA
"íntimo y ruborizante".. :P
Es increíble. Tiene completo sentido dentro de los límites que tiene esa palabra en el mundo de los sueños. Me pude imaginar cada escenario y cada situación perfectamente, sin mencionar que sueños como esos son los que nunca jamás se olvidan.
Tu estilo narrativo es demasiado pulcro también, complejo pero sencillo, muy preciso y muy descriptivo.
Que sigan viendose!
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