Faltaban 15 minutos para clase y me senté en una banca de la explanada frente al CIAP. El cielo era gris y el aire fresco. Las ramas de los árboles se mecían frente al cielo pálido... Recordé una mañana de otoño similar cuando estaba en la Preparatoria, frente a Aulas IV, mirando los jardines. En esa ocasión, estaba haciendo mi mejor esfuerzo por disfrutar del paisaje, antes de entrar a la primera clase. La simetría de los dos eventos me conmovió.
En algunas ocasiones de mi vida he experimentado momentos que he deseado ser capaz de recordar después. Me pareció que ese era uno de ellos. En cierto modo, no estrictamente verdad. En aquella ocasión yo no estaba pensando en el futuro ni en recordar. Pero mi memoria, para hacer el momento más poético, me hace pensar que ese momento era así. Los recuerdos siempre están envueltos en una nube de dorada idealización.
Pero pude recordar, y eso es lo que importa. Por un momento, me transporté a una época pasada de mi vida. Cuando esto ocurre, la nostalgia se vuelve mortífera. Pero esta vez no sucedió. En lugar de eso, sentí que aquél momento de mi vida había sido bello y acepté que había quedado atrás. Entonces, totalmente libre de pesar, sentí una inmensa paz y la dicha de haberlo recordado. Por unos minutos invaluables, el mundo fue perfecto.
0 comentarios:
Publicar un comentario