Una vez más, como siempre, me encuentro frente a la computadora. Acabo de tener una curiosa revelación en la cual una amiga me dijo que está comprometida. Bueno, realmente no lo dijo, no había necesidad. Cuando alguien se pone en el nick del MSN que está comprometida, no se puede quejar de que la gente haga preguntas, creo yo. En fin, esto me puso a pensar seriamente sobre todo lo que acontece a nuestro alrededor. Día con día me doy cuenta del alarmantemente acelerado ritmo de vida en el cual vivimos. Hace mucho tiempo ya, al principio de este espacio, había comentado mi teoría sobre la velocidad relativista que existe entre nosotros como niños pequeños, y nosotros como adultos.
Según la teoría de las cuerdas (que todos ustedes, honestamente, deberían conocer, mínimo como cultura general), en la dimensión que está dos niveles arriba de nosotros, siendo la inmediata superior el tiempo, nos podríamos ver como una ondulada serpiente de probabilidades y sucesos a simple vista aleatorios, pero que cargan con el orden de nuestras propias decisiones. En principio, al estar nosotros parados, o más bien, concientes, en esa dimensión, podríamos voltear hacia atrás y, de manera lineal, así como Buda veía sus reencarnaciones, ver un sinnúmero de nosotros mismos así como éramos instantes atrás.
Instante a instante, podríamos vislumbrar las decisiones que hemos tomado, y sus repercusiones sobre nosotros mismos, sin necesidad de recurrir a este irrevocablemente traicionero mecanismo que llamamos memoria. Muchos de ustedes saben, seguramente lo harán, que la memoria es selectiva. Uno nunca recuerda un suceso por completo, sino que recuerda pequeños pedacitos clave, y lo demás lo rellena.
Un ejemplo bastante didáctico de esto es, por ponerlo de manera sencilla, un concierto. Como individuos, podemos recordar claramente el haber asistido, algunas de las canciones que fueron tocadas, e incluso el vestuario de un par de los intérpretes. Tal vez podamos recordar a las personas que estaban a nuestro lado, o a alguien que particularmente causó una impresión en nosotros. Sin embargo, no podemos recordarlo todo. Hay detalles que se nos escapan, como los colores.
La mente es mucho más selectiva a las formas que a los colores. Cuando no los conoce, los inventa. Traten de recordar un concierto al que hayan ido recientemente, y se darán cuenta de que probablemente pueden recordar todos los colores involucrados, y aunque los tengan claramente identificados, lo más seguro es que no hayan sido así. Esto es debido al que proceso gracias al cual toda esta información es añadida a nuestro banco de memoria es virtualmente instantáneo, y no tenemos control sobre él.
Y aquí es donde se pone interesante, porque además de llenar colores, también nos es posible llenar eventos. Existe una teoría de que si una persona dice la misma mentira en incontables ocasiones, llega un punto en que ese mismo sujeto termina creyendo el engaño, y al llegar a ese punto, ni un detector de mentiras puede sacarle la verdad. La mente es capaz de mucho, por lo cual, en mi opinión, hay que tenerle reverencial respeto.
Creo que a lo que quiero llegar con esto, es a inculcarles la duda. Si podemos rellenar colores, formas, eventos, diálogos, sensaciones e incluso sentimientos… ¿qué parte de nosotros es verdaderamente nosotros? ¿Qué porcentaje de lo que nosotros llamamos afectuosamente “recuerdos” son verdaderamente nuestros, y no de nuestra imaginación? ¿Será un porcentaje alto, o bajo? ¿Habrá manera de explotar ese potencial?
Como siempre, la respuesta a cada una de esas preguntas despierta una miríada más. Siempre he dicho que es tremendamente importante, es más, que es imperativo, que uno sepa de dónde viene y a dónde va. El futuro es una selección que, aunque parezca infinita, realmente no lo es. Por simple observación, en la quinta dimensión, las miríadas de probabilidades colapsan y convergen. En esencia, el futuro no es futuro, pues sucede con el instante, y termina coalesciendo espectacularmente en un crepúsculo grisáceo que nosotros llamamos destino, palabra que, a final de cuentas, resulta redundante.
Sin embargo, poniendo a un lado el metafórico existencialismo que en mí se está volviendo primigenio en su despertar, creo que queda claro que, como ya lo mencioné, en el ahora, conocer la historia es sin medida imposible. Si ponen atención, acabamos de descubrir una falla en nuestro eterno añorar. En teoría, o más bien, en incomprobable realidad, todos inventamos nuestra propia historia. Cuando es cierto que cada uno de nosotros carga con pequeños pedacitos de la misma que son verídicos por naturaleza (esas pequeñas esquirlas que, en efecto, nos damos el lujo de recordar), la gran mayoría son mentiras entrelazadas magnánimamente por nuestra conciencia colectiva.
En la sombra de tan espeluznante argumento, ¿qué partes de nuestra historia realmente sucedieron? Y la pregunta cobra vida tanto a escala microscópica, individual, como a escala macroscópica, global… Cada día, cada hora, cada segundo de nuestras vidas nos vemos forzados por voluntad propia a creer en supuestos de los cuales nunca fuimos testigos. Claro está, esto no es necesariamente malo, puesto que solamente los seres abstractos supremos tienen la capacidad de estar en todas partes, por lo que es una consecuencia aceptable de nuestra propia humanidad.
Y concuerdo con todos ustedes que la fe es algo que es completamente necesario, siempre requerimos creer en algo, o en alguien en su defecto. Más aún, ¿en qué momento de nuestras vidas discernimos ficción de realidad? ¿Si no somos capaces de hacerlo mentalmente, cómo podemos hacerlo físicamente? Uno es la manifestación del otro, por lo que terminamos en una de mis palabras favoritas… paradoja.
No es posible discernir, pero no es posible creerlo todo tampoco. La línea que divide ambos estados de conciencia es delgada, y solamente nos resta a nosotros definirla. El problema final radica en el cómo.
“El estilo de vida de hoy nos hace olvidar quiénes somos, a dónde vamos, y de dónde vinimos. Hay veces en las cuales simplemente debes verte a ti mismo al espejo y preguntarte, ¿realmente soy yo?” (Anónimo)
Emilio (23c0n).
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4 comentarios:
La mente tiene dos caras, por un lado es un banco infinito de conocimientos y recuerdos, pero también es una mentirosa descarada.
Tu eres lo haces de ti mismo, tu futuro es el que tu formas, y tu camino es el que tu construyes...eso es lo bello de esto...
...buenas noches...
Estoy impresionada Emilio. Ahora no voy a poder pasar sin leer tus reflexiones. Gracias por compartir tus pensamientos y por tu dominio del lenguaje. Es un ingeniero tambièn de palabras.
saludos,
anita
es como un cuento que me sé, me lo contó una amiga pero no me acuerdo bien cómo va exactamente :P
(hablando de recordar HAHA.. tengo mente de chícharo) total.. se trata de dos amigas que iban juntas al kinder y asi.. y crecieron juntas, Un día se pusieron a recordar su vida preprimaria e hicieron mención de un tal cuadro que se encontraba en las escaleras del edificio donde antes estudiaban. Era un dibujo de una niña en una colina, sosteniendo una flor y viendo el atardecer. Una de las chavas dijo que el vestido era rojo y combinaba con la flor, la otra dijo que era amarillo como el sol (o algo asi)... el punto es que no se pusieron de acuerdo sob re el vestido de la niña y para no pelearse decidieron ir a su antiguo kinder para verificarlo.
Fue grande su sorpresa al darse cuenta que la imagen no era más que un dibujo en blanco y negro formado con garabatos, los cuales muy apenas formaban la silueta de la niña y la flor y la colina y el sol..
la cosa es que con el tiempo solemos sobreidealizar recuerdos.. los acentuamos.. a tal grado que ponemos colores donde no hay..
y lo peor del caso.. es que no nos damos cuenta..
Tendemos exagerar los momentos que contamos en nuestras historias..
pero la vida es bella :P
estoy de acuerdo contigo en todo lo que dijiste
un besote emilio
te extraño más de lo que un diabético podría extrañar el azúcar :P
Cecilia
Como ya te conté, el viernes pasado tuve la mejor mañana del semestre. La iba a describir aquí, pero me emocioné y mejor decidí hacer una entrada para ella, pues lo vale.
Excelente escrito, una vez que entraste de lleno en el tema. Creo que con cosas así podremos revivir la Comuna.
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