lunes, diciembre 31, 2007

El Espectador, partes XIV y XV (final)

Finalmente he terminado el relato, hoy 31 de diciembre de 2007.
Tengan en cuenta que hoy hace unos minutos subí dos partes que hay que leer antes. No puedo enfatizar lo suficiente que las partes XII y XIII las subí hoy mismo y aparecerán más abajo (usen el menú que dice diciembre a la izquierda para mayor facilidad, haciendo click en el triángulo) y que hay que leerlas primero.
Como de costumbre, les pido sus comentarios. No importa qué escriban, o qué día los escriban, les agradeceré mucho que pongan algo. De preferencia, díganme si les gustó o no (sean honestos), o si les gustó alguna escena, etcétera.
Quiero agraderle a quien quiera que lea esto y desearles también un próspero año nuevo (aunque suene a protocolo). Terminado el último preámbulo, presento los últimos dos fragmentos.

El Espectador

XIV

And reveal to me my true name.

Nightwish, Nemo.

Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es.

Jorge Luis Borges, Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, El Aleph.

Las puertas del elevador se abrieron: Había llegado. Se encontraba en esa misma terraza enorme de hacía tanto tiempo. El suelo gris y áspero se extendía en todas direcciones, despojado de todo adorno. En cada una de las cuatro esquinas, una débil lámpara iluminaba la desolación a su alrededor. Más allá, todo era un negro absoluto, como si el universo mismo terminara en el borde del edificio. Pero arriba, justo encima de la terraza, la constelación Psi brillaba ominosamente.

De pronto, una figura negra, encapuchada, con una cruda máscara blanca, se reveló ante Ulises.

–Te dije que nos volveríamos a ver –dijo una voz cínica–.

Su voz era la misma de antes: una que Ulises reconocía vagamente, pero distorsionada por la máscara.

–Tú… Tú provocaste todo esto –acusó Ulises lleno de odio–.

–No puedes culparme y así evadir tu responsabilidad, Ulises. Yo sólo he puesto el escenario. Sólo tú eres responsable de las consecuencias de tus acciones –hablaba como si todo le pareciera una broma–.

–Tú me engañaste.

–Es cierto. Yo te dije: he creado este mundo para ti. Pero en realidad, lo único que hice es darle forma. No he añadido ni quitado nada. Este es y ha sido siempre tu mundo, Ulises. Aunque debo admitir que todo salió de acuerdo a mi plan. Porque ella podría haber permanecido contigo para siempre: es tu culpa que se haya ido. En el momento en que dejaste de creer en ella, desapareció.

–Basta. No puede ser que esté discutiendo con un personaje de un sueño. Tú ni siquiera existes.

–Tonto –y la máscara parecía casi reírse–. ¿No sabes que los sueños dicen sólo la verdad? Te conozco mejor que tú mismo. Y soy tan real como tú.

–Solamente dime cómo despertar.

–No me mires con odio, muchacho. Deberías estar agradecido. Te he dado lo que siempre has deseado. ¿Acaso no viviste en un mundo misterioso y caótico, mejor que la estéril realidad mundana? Puse en tu mundo a esa joven, que te convenció de que la vida podía ser mucho más que lo que tú conocías. Tuviste la aventura más grande de tu vida. Pero más importante aún, te di el Drama.

Ulises dudó. Sentía cada vez más intensa la agitada tormenta de las emociones. La confusión, el vértigo, el insoportable desconsuelo y la ardiente ira estallaban en olas enormes, colisionaban unas contra otras y lo hacían perder su determinación.

–Naciste para sufrir, Ulises, para sufrir aunque sea por voluntad propia. Toda tu vida te has preparado para una gran escena dramática. Como tu vida no la ameritaba, tuviste que buscar excusas para sustituirla por escenas menores. Pero ya no tienes que esperar más. Te he dado por fin una razón auténtica para ser un personaje dramático, para sentir que el mundo cae sobre ti y te aplasta.

Ulises sintió que sus fuerzas y sus energías lo abandonaban de nuevo. Esas palabras… Todo parecía ser verdad.

–No –dijo en voz alta para callar sus pensamientos–. Basta. Sólo dime cómo despertar.

–¿Para qué despertar? ¿No has pensado que lo que no puedes tener en este mundo, tampoco lo puedes tener en el otro? Pero no despertarás. No mientras yo lo impida. Yo tengo ese poder.

Ulises miró sus vacíos ojos.

–¿Qué eres?

–No, Ulises. La pregunta correcta es quién soy. Yo soy tu peor enemigo.

–¿Te parece muy di-…?

–Sí, me parece muy divertido. Y no desprecies los sueños. Son más reales que el crudo mundo de la vigilia. ¿Insistes en volver a él? Tan idealista, tan predecible que eres... No has cambiado ni un día. Pero hay una manera –la máscara sonrió, con una mueca horrible–. Para despertar tendrás que derrotarme.

El enmascarado tronó los dedos y de inmediato se materializaron dos enorme vitrales; uno detrás de cada quién. Ulises sintió nauseas al ver el suyo. Cada vez se sentía más extraviado en este intrincado sueño, si es que lo era. Ahora estaba parado frente a gran colección de armas medievales: Espadas, escudos, lanzas, arcos… Se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. Las emociones se agitaban dentro de él como olas tormentosas.

De repente, tomó furioso una espada. Le seguiría el juego. Sintió deseos de vengarse, tuviera esto sentido o no. ¿Qué otro peligro podría amenazarlo en este sueño? Si lo herían, probablemente despertaría por fin.

Dio media vuelta para mirar al enmascarado, que corría hacia él con otra espada. Trató de defenderse, pero fue muy lento. Su enemigo le tumbó la espada con un golpe seco de la suya, pero en vez de herirlo, le propinó un puñetazo en el estómago. Ulises cayó de costado al suelo y se retorció de dolor. Pero no despertó. El dolor era real. El golpe le había sacado el aire y no podía respirar. Se había raspado en la caída y su codo sangraba.

–Tonto. ¿Creíste que sería tan fácil escapar de mí? –se burló el otro con aire de superioridad–. No importan tus decisiones, no importa que intentes actuar o no. En este mundo y en todos, no puedes influir en nada, no puedes alcanzar el alma de otra persona, no puedes elegir el curso de tu vida. Sólo puedes mirar. Eres un prisionero. Eres el Espectador.

Un silencio completo ahogó el mundo. El peso de las palabras había caído sobre Ulises como una condena. Inmóvil, el enmascarado lo observaba, portando una espada en una mano y un par de grilletes en la otra. El viento hacía ondular levemente sus ropas. Ulises estaba en el suelo, paralizado.

–Hay dos tipos de personas en el mundo: Los fuertes y los débiles. Los primeros vencen todos los obstáculos, son inmunes a la humillación, no dejan que los detalles arruinen su felicidad, caminan sin mirar atrás. Se adaptan perfectamente al mundo, por cruel que sea. Tú, en cambio, eres inepto para la vida y de te avergüenzas de ello. Acéptalo, Ulises: Eres débil. Incluso las tribulaciones de la vida cotidiana son demasiado para ti. No puedes vencer la corriente y te arrastra. No eres el protagonista de tu vida. ¿Para qué despertar? Aquí puedes tener todo lo que siempre has querido. Incluso a ella. Puedes hacerla regresar.

Ulises rodó hacia un lado y se incorporó. No le quedaba nada en ninguno de los mundos. Pero no le daría al otro el gusto de ser derrotado. Sabía que perder en este mundo significaba su derrota definitiva e irrevocable. Tenía que ganar en su propio sueño. Y tenía que hacerlo con la única arma que posee uno dentro de un sueño: La posibilidad de manipularlo si su voluntad es lo suficiente fuerte.

Ulises miró su espada en el suelo y la imaginó volar hasta su mano. En ese mismo momento la espada se levantó y trazando una curva llegó hasta su destino.

–Muy bien, Ulises. Ahora sí será divertido.

La figura oscura avanzó hasta él y golpeó con su espada. Ulises lo desvió con otro golpe. Combatieron así unos segundos. De pronto el enemigo en un movimiento rápido esquivó un ataque y con una patada empujó al joven hacia atrás. Éste se tambaleó y retrocedió hasta recuperar el equilibrio. Después, la figura soltó su espada y a su mano voló desde el vitral una vara corta de metal, de cuya punta surgía una cadena que terminaba en una bola de metal con picos. De inmediato la hizo girar a su alrededor, protegiéndose con ella y a la vez avanzando amenazadoramente hacia Ulises. Éste se vio forzado a retroceder y de pronto se encontró en el borde de la terraza.

–Perfecto –dijo el enmascarado–. Terminaremos justo igual que como empezamos.

En ese momento extendió su brazo hacia delante, dirigiendo la bola hacia Ulises. Pero Ulises se lanzó hacia el enemigo, rodó pasando por su costado y se incorporó al otro lado. Entonces, aventó su espada hacia él. El otro logró esquivarla, pero tuvo que soltar la vara con la cadena. El arma voló y cayó fuera de la terraza. En se momento, Ulises cargó hacia el enmascarado y juntó toda su voluntad en su puño. Antes de que éste pudiera defenderse, el joven había llegado hasta él y le devolvió el puñetazo en el estómago que antes había recibido. La silueta negra se elevó en el aire con el impacto y cruzó la frontera de la terraza. Al bajar, desapareció en la oscuridad.

Ulises, respirando agitadamente, se acercó hasta el borde y miró hacia abajo. La negrura se volvía completa de inmediato. No había señales de su enemigo.

Aún tenso, caminó hasta el centro de la terraza, donde estaban los vitrales, esperando a que algo sucediera. Se sentía acechado. Avanzó hacia su propio vitral, dándole la espalda al otro. En ese momento, alguien lo atacó por la espalda. Sintió que alguien jalaba sus brazos hacia atrás y el contacto frío de metal en ellos. Entonces tropezó. Cayó al suelo, pero no pudo parar su caía con las manos: Unos grilletes las sostenían juntas atrás. Después golpear contra el suelo, rodó media vuelta y vio al enmascarado tratando de atrapar también sus pies. Pateó desesperadamente hasta que logró rechazarlo. Entonces rodó de costado lo más rápido que pudo y, temblando, se levantó.

–Ya te lo dije una vez, Ulises. No te puedes deshacer de mí tan fácilmente.

El enmascarado se paraba erguido ante él. Mientras tanto, Ulises sentía sus rodillas y codos sangrar. El miedo volvía y se apoderaba lentamente de él. Su enemigo llevaba otra arma en la mano: Un anillo de metal del que surgían tres cadenas en estrella. Al final de cada una se sostenía una esfera lisa de madera. Ulises corrió pero no sirvió de nada: el artefacto fue lanzado y llegó hasta sus piernas, que fueron torcidas y enredadas por las cadenas y golpeadas por las bolas de madera. Nuevamente cayó al suelo, esta vez de espaldas. No podía moverse.

–¿Para qué quieres ganar, Ulises? Te conozco mejor que tú mismo. Si regresaras a tu vida anterior, la encontrarías de nuevo vacía y sin sentido. Estás solo y siempre lo estarás. Porque tú quieres vivir de esa forma. Tú no deseas la felicidad porque sientes con ella dejarías de ser lo que te hace ser tú mismo.

Ulises ni siquiera intentó forcejear. Se quedó quieto, en silencio. El enmascarado continuó.

–Todas las personas crean para sí mismas uno o varios arquetipos. Éste es un personaje que los emociona o conmueve, porque tiene todas las características que han idealizado. Algunos prefieren el personaje frío y calculador, que dice frases complejas que nadie más entiende. Otros el valiente, aventurero y social, siempre intentando cosas nuevas, con un novedoso estilo de vestir y hablar. Muchos son guiados por su arquetipo y desean ser como éste, incluso creen serlo, ignorando que muchas de sus acciones no lo reflejan.

La luz brillaba sobre la lisa máscara.

–¿Quieres saber cuál es tu arquetipo? El muchacho modesto y solitario que camina a la orilla del mar en medio de la noche. Que prefiere pasar desapercibido, que se aleja de las multitudes, que se siente solo y hueco, buscando un propósito en un universo seco y mundano, siempre tratando de ser racional y objetivo. Algunas características las tienes y otras no. Pero en una novela, todo protagonista tiene que cambiar y en el desenlace puede que deje se ser solitario o encuentre su propósito, su destino. Pero entonces deja de ser interesante, deja de reflejar tus altos ideales.

El encapuchado se agachó y miró a Ulises en la cara.

–Te diré esto una sola vez: Estás obsesionado por tu arquetipo, amas esa agridulce emoción de la melancolía, te conmueve demasiado la sensación de la soledad y de estar perdido; las prefieres sobre la felicidad o la alegría. Por eso no puedes cambiar: Muy dentro de ti quieres ser por siempre igual. Deberías estar agradecido porque ahora yo te he dado una razón para sentirlas. Sabes que jamás encontrarás alguien como ella y que siempre vagarás por el mundo lejos de lograr tus metas, porque no tienes control de tu porvenir. Ya te lo he dicho: Eres, ahora y siempre, el Espectador.

Ulises permaneció en silencio unos segundos. ¿Era verdad lo que decía? Ya no estaba seguro de nada. ¿Qué pasa cuando nos privan de la autenticidad y validez de nuestros propios sentimientos y emociones? Quería que esto se acabara.

–Ahora, Ulises, morirás por tu propia espada –levantó la mano y la espada de Ulises, tirada en algún lugar, voló hasta ella–. No es tan malo. Si te destruyo aquí, vivirás para siempre encerrado en este mundo.

–¡No! –gritó Ulises–.

Recordó que la espada de su enemigo también estaba tirada. La hizo moverse en el aire y atacar al enmascarado. Éste retrocedió un par de pasos mientras se defendía. Pero de pronto hizo un movimiento rápido y la asió con su otra mano. Ulises ya no la pudo controlar.

–Mi voluntad es más fuerte que la tuya –se burló, mientras blandía las dos espadas–. ¿No has entendido que no puedes derrotarme?

Su contrincante estaba amenazadoramente erguido, con su capucha ondulando ligeramente con el viento, su máscara reflejando luz blanca. A cada lado de él, a una distancia de siete metros, estaban los enormes vitrales de madera, repletos aún de armas sin usar. Él estaba justo en medio de ellos. Ulises, encadenado y desesperado, intentó moverlos. Se levantaron un centímetro del suelo.

–Un intento patético –dijo la voz burlona–.

La silueta oscura dio un paso hacia delante. Y en ese momento, los dos muebles se lanzaron contra él con velocidad sónica. Un instante después, colisionaron uno contra otro como un par de cometas, con el enemigo en medio, en una explosión de madera, vidrio y metal. Se levantó una nube de polvo y astillas.

El sonido finalmente murió. Entonces vino un poderoso viento que barrió con el polvo, con las astillas, con cada trozo de madera y con cada pieza de metal. Las cadenas y los grilletes que sujetaban a Ulises desaparecieron. Después, el viento se debilitó y expiró.

Ulises se incorporó y miró alrededor. La terraza se encontraba de nuevo desierta, excepto por ellos dos. El muchacho caminó hasta el sitio de la explosión. Una figura negra yacía en el suelo boca arriba. A su lado estaba la máscara, partida en dos. Se hincó a un lado y retiró la capucha para ver la cara. En el instante justo antes, comprendió qué es lo que vería. Y sin embargo, esto no amortiguó el terrible golpe de aquella revelación.

Esa nariz, esas cejas… Era el rostro cuyos ojos jamás había visto cerrados. Pero entonces se abrieron débilmente y de esa boca escuchó su propia voz hablar.

–Siempre son más interesantes los villanos, ¿verdad?

Y los ojos se cerraron de nuevo.

El muchacho le puso la capucha de nuevo, cogió las piezas de la máscara y cargó el cuerpo inerte. Caminó hasta el borde de la terraza y, solemnemente, los dejó caer. Las lámparas se apagaron y la constelación Psi brilló más intensamente que nunca. Bajó del cielo y se materializó en una pequeña llave con la misma forma, aterrizando en el centro de la terraza. Ulises la tomó, la guardó en su bolsillo y el cielo se volvió normal, con las estrellas de siempre brillando en el lugar correcto.

Entonces, a un lado del edificio, vio la altísima torre blanca de aquel primer sueño, de la cual había caído, más alta que cualquier construcción. En esta noche, él había perdido tanto que se sentía ligero. Miró hacia la torre blanca en la que todo había empezado. Abrió los brazos y sin impedimento alguno, comenzó a volar.


XV

Still I write my songs

about that dream of mine,

worth everything I may ever be.

Nightwish, Ghost Love Score.

Cuando miré mi propio rostro en el cuerpo de mi enemigo, creí que comprendía todo al fin. Al regresar a la torre y acostarme en la cama, esperaba volver definitivamente al mundo exterior, al mundo de la vigilia. Me gustaría decir que todo, absolutamente todo, fue un solo largo y elaborado sueño. Pero desperté en un lugar en el que diciembre sí había llegado, en el que mis reuniones con mis amigos habían ocurrido, pero en el que ella no había existido. En vano he tratado de distinguir qué partes de mi vida las viví en sueños y qué partes despierto.

Porque ahora me encuentro perdido en el vertiginoso océano de realidades. Observo mi existencia como una sucesión interminable de etéreas escenas. El mundo que siempre creí verdadero parece cada vez más vago y lejano, mientras que los otros son cada vez más concretos y presentes. Estoy en un barco a la deriva, arrastrado por las corrientes arcanas de la ilusoria Realidad. Sólo las estrellas brillan desde atrás del Velo. La línea entre el sueño y la vigilia ha desaparecido y nunca sé si estoy despierto o soñando. ¿Habrá alguna diferencia?

Como un náufrago lanzo este texto al mar dentro de una botella: Sin saber dónde estoy ni a dónde llegará. Me pregunto si alguien lo encontrará algún día en una costa lejana, en alguna de las infinitas realidades de este océano. Y sin embargo, no me queda esperanza de ser rescatado, porque las cadenas del destino son lo que me ata a mi nave.

Si les he relatado mi propia historia como si le perteneciera a otro, es porque ha sido necesario. No me disculparé por ocultarme detrás de un narrador. Todo ha sido real. Yo he luchado contra mis demonios internos, yo he visto mi propio rostro con los párpados cerrados. Me he perdido entre los mundos de la vigilia y el sueño y quizá en otros más. Yo soy Ulises. Yo soy el Espectador.

El Espectador, partes XII y XIII

Aquí está la penúltima entrega. La última ya está lista y la subiré en unos minutos (prometí tener todo antes de año nuevo y lo voy a cumplir, aunque sea para mí mismo). Les pido por favor que pongan comentarios en ambas si les parece. No se preocupen por la fecha en que los pongan, como quiera los leeré. Pueden ser lo que sea, incluso un anónimo diciendo "Lo leí" (o "No me gustó"). Se los agradecería mucho (aunque ojalá sí les guste). Acabado el preámbulo, les presento casi el fin del relato.


El Espectador

XII

Las estrellas brillan a través del Velo.

Aquí la historia de Ulises se vuelve borrosa. Aquél día de diciembre, Ulises miraba la caída de la noche a través de la ventana de su cuarto y se preguntaba cómo había llegado él a este momento.

Después de ese sueño sobre el sol negro se juró a sí mismo que buscaría a Lucero, que pasaría con ella todo el tiempo posible. El siguiente viernes invitó a sus amigos a su casa y se aseguró de que acudiera ella. Al hacerlo, sintió esa emoción extraña, mezcla de ligereza, vértigo y orgullo, que se siente cuando uno realiza una jugada deliberada para estar con alguien. Esta sensación se intensificó cuando la invitó al teatro de la universidad con la excusa (aunque no falsa) de que cierto amigo suyo aparecería en el escenario.

De pronto se sintió capaz de cualquier cosa. Si pudo invitarla al teatro, podía también salir con ella sin más excusas. Por primera vez, se convirtió en el protagonista de su propia vida. Con ella se sentía libre.

En eso pensaba esa noche de diciembre mientras miraba por la ventana. Habían pasado dos meses desde que la conoció. Ahora, las clases se habían acabado y sentía el vacío repentino de no tener nada qué hacer. Pero en esta noche no importaba. Unos minutos antes había hablado con ella: Irían a caminar al parque de su colonia.

Salió de su casa y caminó bajo la noche fresca. Pensaba todavía en cuánto había cambiado desde que la conocía. Por un momento, sintió nostalgia por su yo de antes. ¿No son acaso la tristeza y la soledad más bellas y conmovedoras que sus contrarios?

Llegó hasta casa de Lucero y desde allí caminaron hasta el parque. Como estaba en las faldas del cerro, el parque era desnivelado y su parte más alta tenía vista sobre la colonia, sobre la ciudad y más allá. Hablaron de cosas irrelevantes en el camino. Pero al sentarse sobre una banca, los dos contemplaron en silencio el paisaje sin mirarse.

Parecía perfecto como una pintura bien planeada. En primer plano, el parque se extendía delante de ellos por el inclinado terreno. Del suelo cubierto de hojas secas brotaban unos cuantos árboles con sus ramas extendidas hacia el cielo. A los lados, casas con ventanas iluminadas se formaban en fila a lo largo de la calle. Más atrás, se podía ver la ciudad destellar con sus mil puntos de luz. En el fondo, unas montañas grises ocultaban el horizonte. Y cubriendo el mundo como un manto, el cielo negro y despejado dominaba la escena. La oscuridad ahogaba la tierra como un velo, pero en las alturas destellaban las estrellas como piedras preciosas, joyas puras diseminadas al azar por el universo.

–Es verdaderamente hermoso –se escuchó de la suave voz de la joven–.

Ulises la miró por un momento. Sus pequeños y cortos rizos rojos pendían cerca de sus mejillas. Su miraba reflejaba la luz de los cielos, sus ojos eran el agua del mar en la noche estrellada. En un movimiento lento, ella los dirigió hacia él.

¿Qué pensaría Lucero sobre él? Se sintió invadido por esa mirada dulce y fascinante que lo traspasaba, que lo cegaba borrando todo el universo hasta que sólo existía ella.

–¿En qué pensabas al mirar el cielo? –preguntó esa bella voz. Él dudó por unos segundos–.

–En muchas cosas. En todo al mismo tiempo. –Ulises desvió la mirada, pero al instante se arrepintió. Con voz suave, continuó–.

–¿Te ha sucedido? Cuando veo la noche estrellada, siento que la vista me consume, pero no puedo sostenerla mucho tiempo.

La voz perdió fuerza hasta volverse casi un susurro.

–Me… Me perturba. Porque me hace sentir que… Que me falta algo. Y las Preguntas me inundan. Y cada vez me siento más lejos de contestarlas.

Pasaron unos segundos en los que el único sonido era el del oscuro viento rozando las ramas de los árboles.

–Lo sé –comenzó ella a responder. Su rostro se dirigía a veces a él, a veces a la noche–. Yo también creo a veces que estoy incompleta. Pero he descubierto algo, Ulises. Algunas Respuestas sí existen. Y son más misteriosas que las Preguntas, porque no corresponden a ninguna, pero a la vez, a todas.

Ulises no dejaba de mirarla. La necesitaba. Suplicaba desde lo más profundo que este momento durara para siempre.

–Pero para encontrarlas hay que buscar, Ulises. Sólo así las encontrarás o llegarán a ti. Pero tienes que ir más allá. La Respuesta está dentro de ti y sin embargo tienes que salir del mundo de siempre para que se manifieste.

Ella hablaba con una convicción apasionada. Con una sabiduría propia. Hablaba como sólo se habla de aquello que ha sido la base de su vida. Ulises sintió la verdad clavarse como una flecha en su pecho. Pero de ella surgía de pronto una alegría profunda que lo redimía.

–Entonces, ya he iniciado el viaje. Esta noche he encontrado una Respuesta.

Le ofreció su mano derecha, tomando valentía de esta fuente nueva y desconocida. Ella lo miró a los ojos y sonrió apaciblemente, mientras colocaba su mano izquierda sobre la de Ulises. Cuando él la tomó suavemente, ella recargó su cabeza en el hombro éste. Ahora miraban las estrellas, pero ya sin pensar en éstas.

El paisaje era una obra maestra. El universo era perfecto.




XIII

Torment in the dark was the danger that I feared, and it did not hold me back. But I would not have come, had I known the danger of light and joy.

J.R.R. Tolkien, The Lord of the Rings.

Sería tan fácil cortar el relato en este punto y a veces he pensado que me gustaría hacer tal cosa. Pero entonces, lo que ocurrió después sería traicionado y relatarles la historia de Ulises habría sido en vano. No me queda más opción, en ese caso, que continuar desde el punto en que la interrumpí.

Tomados de la mano, la cabeza de ella sobre el hombro de éste, miraban las estrellas. Una constelación llamó la atención del hombre joven. Era, repentinamente, la única constelación visible; todas las demás estrellas habían desaparecido. Una línea recta de puntos luminosos marcaba el cielo, atravesada por un semicírculo con sus brazos abiertos hacia arriba: La constelación Psi Ψ. Algo se movió dentro de su memoria: La había visto antes. Estaba seguro; esa ominosa formación significaba algo. Psi, psicología, psique, mente…

Entonces lo recordó: La vio una vez, parado sobre la terraza vacía de un edificio. Una vez que estaba solo, rodeado de oscuridad. La había visto en aquella ocasión.

La había visto en un sueño.

Esto es un sueño –dijo con tono sepulcral.

Se levantó de la banca repentinamente y sintió cómo sus dedos perdieron la mano de la joven. Giró y la miró intensamente. Tembló, perplejo y tenso, unos segundos, mientras trataba de comprender. Por un instante, ella pareció pálida y transparente, como si la luz pasara a través de ella. La abrazó. O quiso hacerlo. Cuando se cerraron sus brazos, ella se disolvió en el aire.

Sintió que un pedazo de él moría. Sus rodillas fallaron. Estaba solo. Cayó al suelo. Ella era un sueño. Quiso gritar su nombre: de su garganta no salió voz. Ella siempre fue un sueño. Se levantó, trató de buscarla. Ella no existía.

Estaba solo. Más solo que antes. Más solo que nunca. Caminó en círculos, trató de aferrarse a algo, pero ella no estaba. Como una ola inmensa, lo arrastró la desesperación. Sintió que se borraban sus recuerdos de ella, recuerdos que ahora él sabía que nunca habían ocurrido.

El cielo se iluminó: Inmensas rocas incandescentes del tamaño de una casa caían una tras otra. Una se impactaba contra un edificio a lo lejos y los escombros volaban por el aire, otra tumbaba un puente. Destruían todo. Pero no importaba. Todo era un sueño. Un maldito sueño. Ella había sido el sueño más hermoso. Pero a la vez, un sueño enviado para decirle lo que ahora era obvio: él no estaba destinado a la felicidad. Sólo a un destello fugaz de ella, una luz breve para mostrarle lo que jamás podría alcanzar. Estaba condenado a la soledad, a ser infeliz, a ser miserable.

Las bolas de fuego cesaron y en su lugar la lluvia comenzó a caer. Pero nada importaba. No había con quién compartir su desesperación, no había a quién contarle su angustia. El agua lo helaba como si fuese verdadera y él temblaba inconteniblemente, apoyado sobre el suelo con sus rodillas y manos, mientras se entumecían sus dedos. No había quién lo acompañara por el mundo, ningún alma con la cual enlazar su destino. Estaba solo.

Miró hacia la ciudad. Se hallaba destruida. Las bolas de fuego la habían pulverizado y calcinado. Las llamas ahora se extinguían en la lluvia. ¿Por qué no terminaba de una vez ese maldito sueño? Las gotas en sus brazos y el frío no eran más auténticas que el éter o la constelación Psi. Y sin embargo, eran insoportables. ¿Acaso eran reales?

Dejó de llover. En la ciudad quedaba un edificio intacto. Un edificio rectangular, con una enorme terraza plana y un poste de luz en cada esquina, justo bajo la luz de la letra Psi.

No despertaba. El mundo se veía completamente concreto y sólido a su alrededor. Estaba enloqueciendo, eso era seguro. Pero ahora, viendo el edificio, sabía qué tenía que hacer.

sábado, diciembre 22, 2007

Evocando pensamientos.

Ya llevaba un muy buen rato sin escribir en este espacio, y no por falta de ganas, ni por falta de convicción, tampoco por falta de temas o ideas. Como ya saben los que leen constantemente por aquí, mi problema está en la inspiración, en la manera de encontrar esas ideas dentro de mi cabeza, las cuales ya tomo como existentes, y plasmarlas en algún medio de tal forma que puedan ser transmitidas a ustedes. Sobra decir que en este momento siento ese vínculo entre mi consciente y mi inconsciente tomando cuerpo, entonces aprovecharé este efímero momento de lucidez para escribir un poco sobre algunas preguntas que me he estado formulando últimamente.

La primera es una pregunta que para mí significa bastante, porque ha sido la razón de muchas noches de pensamientos profundos, de esos trenes que se forman dentro de la cabeza de uno que no terminan hasta que uno lo decide, y que pueden continuar por siempre, como una paradoja lo sería para una máquina inteligente. Muchas de las preguntas que traigo salieron como pensamientos alternos a algunos webcomics que he estado revisando con regularidad, por si a alguien le interesa.

¿Es posible extrañar algo si nunca lo hemos tenido?

La pregunta es muy vaga en su naturaleza, y eso lo sé. Honestamente, pienso que está formulada de esa manera para que sea más fácil de identificar. Hace tiempo ya leí un libro, llamado "Blink", que realmente les recomiendo (no tengo el autor a la mano, pero si me lo preguntan con mucho gusto lo busco), en el cual se trata a fondo el tema de las primeras impresiones, y una de las muchas y muy interesantes conclusiones del libro es que nuestro cerebro funciona a base de dos juicios. El primero, es casi instantáneo, y no permite pensar las cosas demasiado. Ésta es la verdadera primera impresión, porque se da en el inconsciente, y no permite dudas, no permite titubeos. La segunda, ya involucra el proceso de evocar recuerdos o experiencias pasadas, para de esta manera interpretar el suceso por medio de una, digámoslo así, comparación con lo que ya se ha vivido.

La pregunta que acabo de poner en el aire, para que todos la mediten, carga con todo el proceso que se da en la primera impresión, debido a que por su falta de información nos permite cerrar la pregunta con ese "algo" que ya tenemos predispuesto. Algunos podrían pensar en una experiencia, otros, probablemente, podrían pensar en un objeto animado, una persona tal vez, meintras que otros más podrían pensar casi instantáneamente que la pregunta se refiere a un objeto animado, ya sea una mascota, o una persona incluso. Yo, en lo personal, cerré la pregunta, en el momento en el que la leí, en un sentimiento.

Y eso es lo más interesante de esta pregunta, que se puede volver tan personal como uno lo desee... a final de cuentas, cada persona la cerrará y delimitará a su antojo. Francamente, para mí sí es posible extrañar algo que no conocemos, por un lado, debido a que es posible que construyamos una experiencia alrededor de ese suceso por medio de los estímulos y las experiencias que tenemos día con día, de tal forma que nos formemos una idea de cómo podría ser dicho suceso, a tal grado que podríamos llegar a extrañar el no poder formar parte de él. Honestamente, creo que en esta pregunta entra mucho la añoranza, y lo que ésta representa.

Extrañar algo que nunca hemos tenido es, de modo ulterior, algo que considero plausible, pero solamente por un lado. Para mí creo que es posible extrañar la oportunidad de haber tenido esto o aquello, ya sea, como dije con anterioridad, una persona, un objeto, una emoción, un sentimiento, una experiencia o un recuerdo. Y creo que es la única manera. Lo dejo abierto para que comenten sus conclusiones.

¿Qué sucede cuando alguien es desconocido y después desaparece?

Una vez más, esta pregunta es increíblemente vaga, pero para esta sé que requiero plantear  el contexto, porque de otro modo se vuelve completamente inútil. Hace poco observé una idea muy interesante en un webcomic, el cual, en 3 cuadros, logró definir todo un universo alterno de una manera muy peculiar. El comic trataba de un personaje el cual, en un universo paralelo, pierde a su "acompañante", que era una pequeña cámara con alas que lo seguía a todas partes, y cada uno de los individuos de su sociedad tenía uno. El problema llega cuando su acompañante se avería y se destruye, y el personaje entra en pánico porque ya no sabe si sigue vivo o si dejó de existir para el mundo.

La pregunta que puse en la mesa ahora trata precisamente de eso. Imaginen el siguiente escenario. Vemos el nacimiento de una persona, que luego se desarrolla hasta la vida adulta, y tiene una buena vida. Sin embargo, no tiene amigos, no tiene familiares ni cercanos ni lejanos, y tampoco tiene desendencia. No ha tocado una sola vida a lo largo de la suya, ni ha dejado mementos por los cuales ser recordado. Ésta persona simplemente pasó por el mundo, caminó con la tierra bajo sus pies, pero no contribuyó a nada, mas tampoco ayudó a empeorar las cosas. Su vida fue completa y totalmente estándar, vivió en la justa línea del balance, pero no será recordado.

No tuvo interacciones con otras personas, no tuvo relaciones amorosas, jamás ayudó a un extraño, y tampoco juzgó a otro individuo. No tuvo creencias ni ideales, y su vida se terminó con una completa falta de ambición. Sobra decir, que este individuo es como un fantasma, ya que su vida no será registrada por nadie, simplemente un nombre más, un certificado, una credencial dejada por ahí para ser encontrada. La pregunta es... con base en todo lo anterior, ¿realmente existió esa persona? Si no se dejan atrás rastros en papel, y por obvias razones ya planteadas no hay tampoco recuentos orales de su existencia, ¿podemos realmente detenernos y decir que ésta persona realmenet existió? ¿Asegurar que caminó por el mundo?

No sé ustedes, pero para mí la respuesta es que no. No hay manera de probar su existencia, y no me refiero al simple hechode que no hay evidencia que soporte la idea de que este individuo realmente vivió en este planeta, sino a que, al no buscar la trascendencia, mínimo de alguna manera, ésta persona fue borrada de la faz de la tierra, y al serlo así, también de la consciencia colectiva que somos todos nosotros. Porque incluso si este individuo fuera un vagabundo, un "hobo" cualquiera, de todos modos estaría en el corazón y en la mente de muchas personas. Me vienen a la mente al menos tres o cuatro indigentes que realmente me han detenido a pensar sobre mi vida y lo que he experimentado en ella. Son personas que no tienen familiares, no tienen amigos, nada los ata a ningún lugar y eso les permite recorrer el mundo y sus maravillas... y aún así, existieron, porque están presentes en otras personas.

Para mí esta pregunta es realmente interesante, porque al igual que la anterior, permite una miríada de respuestas diferentes, una galaxia de argumentos a favor y en contra que se revuelven en sí mismos y permiten que cada persona llegue a sus propias conclusiones, las cuales, espero en los comentarios. Por lo pronto, los dejo con la tercera y última de esta entrada.

Si pudieras atravesar una puerta abierta, y llegar a donde fuera que tú quisieses, ¿a dónde irías?

Ésta pregunta, posicionada en el nick de una amiga, realmente me puso a pensar. Sé que probablemente para este momento ya estén cansados de que les repita lo mismo, pero una vez más esta pregunta es tan general o tan específica como uno lo desee. Recuerdo que al tratar de responderla intentaba elegir, escoger y decidir lugares. Traté de discernir entre lugares a los cuales me gustaría ir, y otros lugares en los cuales ya he estado y me gustaría volver a visitar. De hecho, planteé esta pregunta a algunas otras personas, por curiosidad de saber cómo tomarían la pregunta y de qué manera la responderían.

Para este momento, yo ya había formulado mi respuesta, pero lo que otras personas me decían realmente me puso a meditar la pregunta. Algunos contestaban países, otros más vagamente continentes. Unos más relataban ciudades, o pequeños espacios y ambientes dentro de las mismas. Lugares muy específicos que les evocaban emociones o sentimientos particulares.

Sin embargo, para mí la respuesta era clara. No podía ser un lugar físico, ni un espacio construido, inclusive tampoco un ambiente definido. Al contrario, la pregunta se presta para completa reflexión, porque, de cualquier lado por el que se le aborde, la pregunta no es sobre el dónde, sino el cómo. ¿Qué representan para uno todos esos lugares? ¿Qué buscamos al estar ahí, qué planeamos hacer, qué queremos lograr?

Es por esto que mi respuesta a la pregunta fue que "iría a un lugar tranquilo, en donde el mundo entero pareciera guardar silencio, un lugar de indiscutible contemplación y extremo entendimiento". ¿Y por qué? Porque éso es lo que tienen en común todos los lugares que me gustaría visitar, entonces, realmente, éso es lo que busco.

Bueno, espero que alguna de estas preguntas realmente se plante en sus cabezas y los haga meditar al menos por un instante, ya que, como lo he dicho muchas veces, no somos nada sin nuestros pensamientos, y lo único que nos queda al final, son los recuerdos. Es por eso que evocar pensamientos es tan importante, pues al igual que con mi inspiración, es el vínculo que nos abre a nuevas ideas.

Sigan pensando.

Emilio (23c0n).

martes, diciembre 11, 2007

El Espectador, parte XI

Aquí está la parte XI. Según tengo planeado, la numeración llegará hasta el XV. Si todo sale como quiero, terminaré de escribir y publicar lo que falta antes del año nuevo. Ya tengo borradores parciales, así que no me será muy difícil tenerlo a tiempo. Les agradezco mucho sus comentarios y espero seguir recibiéndolos.




XI

El sueño es una prueba de que la fantasía, la ensoñación referida a lo que no ha sucedido, es una de las más profundas necesidades del hombre. Esta es la raíz de la traicionera peligrosidad del sueño. Si el sueño no fuera hermoso, sería posible olvidarlo rápidamente.

Milan Kundera, La insoportable levedad del ser.


Era como si el tiempo se hubiese detenido.

Ulises caminaba por su sala como un fantasma. Rodeado de tinieblas, se sentó en uno de los sillones y tomó agua lentamente del vaso que llevaba. A continuación, miró de nuevo el reloj que colgaba de la pared: 4:17.

Después de tres horas de estar acostado en su cama, incapaz de dormir, se había levantado para tratar de aclarar su mente. Tras acostarse de nuevo, había resistido otra hora la terrible tortura. Finalmente, se había levantado por segunda vez y ahora miraba hacia la calle desde las sombras de la sala.

Hasta ahora, había tenido una de las peores noches de su vida. No sólo porque no pudiera dormir, ya que en realidad se había quedado dormido por unos minutos en tres ocasiones. Pero en esas tres ocasiones sus sueños habían sido auténticas pesadillas, diluvios de oscuridad que parecían durar una eternidad y que sin embargo sólo consumían unos segundos de aquella noche interminable.

Mientras tuviera los ojos abiertos y alguna luz penetrara en sus pupilas, incluso la débil luz del alumbrado público en la calle, la serenidad regresaba lentamente a él. Pero al cerrar los ojos, la oscuridad lo invadía y las sombras volvían a su mente. De pronto eran demasiado fuertes como para contenerlas y lo arrastraban en un torbellino de niebla negra que borraba el mundo y extinguía la razón.

Entonces despertaba acostado en un callejón vacío y sin luz. Arriba, los techos de las construcciones informes que lo rodeaban hacían imposible mirar el cielo. De pronto, se sentía acechado, como si una oscuridad aún mayor se acercara desde atrás: Una negrura que parecía encerrar el peor de los horrores.

Echaba a correr y descubría que todo era un laberinto. Los callejones se bifurcaban y serpenteaban una y otra vez y era imposible saber si avanzaba o retrocedía. Sólo pensaba en alejarse de aquello que lo perseguía; la presencia parecía acercarse poco a poco desde una dirección fija.

Finalmente un callejón acababa en un espacio abierto y él se veía subiendo una pequeña colina, corriendo sobre un pastizal bajo un cielo nublado. Entonces se detenía a respirar y miraba hacia atrás. En el horizonte se notaba un cambio: Un círculo nacía lentamente.

Pero el disco no iluminaba, sino lo contrario: Un sol negro salía en el horizonte y devoraba la luz. Se elevaba rápidamente en el cielo y crecía cada vez más. El sol era un agujero, un hueco en medio del cosmos, un abismo de vacío que robaba su esencia a todas las cosas, una mancha de oscuridad absoluta en el cielo. Se había tragado ya las nubes y luz de las estrellas moría rápidamente. Pronto atraparía a Ulises con su titánica fuerza.

Entonces despertaba torturado por la angustia. Pero esta última vez, en que Ulises se quedó dormido en su sala, hubo un cambio. Una voz que de inmediato reconoció pronunció unas palabras que provenían de otra noche que de pronto recordaba. Sonaban como un eco, como un susurro de un recuerdo que primero parecía nunca haber existido, pero repentinamente se volvía real y presente.

No temas. Algún día encontrarás lo que necesitas para llenar ese hueco.

Entonces en el cielo apareció una estrella roja y con su resplandor se enfrentó al círculo negro. En ese momento, Ulises se despertó levemente y en la frontera entre los dos mundos que son la vigilia y el sueño, se oyó a sí mismo susurrar: Es ella.

miércoles, diciembre 05, 2007

El Espectador, parte X

Saludos. Sólo subo una parte esta vez, pero prometo en unos días tener lista la siguiente. Por ahora, me despido.



X

I tied myself to the wheel.

Winds talk to my sails, not me.

Somewhere there my fate revealed.

Nightwish, The Siren.

¿Qué es real?

La dicotomía más elemental de la existencia es la contraposición entre yo y el mundo. ¿Por qué queremos con tanto ahínco conocer los orígenes del universo? Porque en la respuesta a esta interrogante está nuestra propia identidad, la explicación íntegra de nuestra propia existencia. Conocer qué papel representamos en el inmenso escenario sin telón es conocer el drama completo del cosmos.

Pero el mundo puede ser sumamente misterioso, si estamos dispuestos a aceptarlo. Nuestros sentidos limitados nos dan una incompleta, acaso falsa percepción de nuestro alrededor. Estamos acostumbrados a la forma en que se nos revela la supuesta realidad, pero si nos preguntáramos profundamente, aunque sea por un instante, qué es lo auténticamente Real, ¿qué sobreviviría?

Después de todo, cada una de nuestras sensaciones es una impresión inventada por nuestro cerebro. ¿Qué son los colores, sino una distinción artificial entre distintas longitudes de onda de la luz? Los colores no existen fuera de nosotros. ¿Qué es el tiempo, ese ente misterioso que se resiste a cualquier intento de definición? El tiempo es una percepción nuestra.

Si cada impresión que tenemos del mundo es una ilusión orquestada por nuestras neuronas, ¿cuál es la diferencia fundamental entre soñar y estar despierto?

Tal vez no la hay. Entonces, nuestro mundo de vigilia es apenas tan sólido como los laberintos vertiginosos de nuestros sueños. O (¿mejor dicho?) nuestros sueños son tan reales como el mundo despierto.

Estas Preguntas y otras acechan a Ulises en cada sombra, en cada dramático claroscuro del cielo nublado en el anochecer, en cada misteriosa estrella. Se pregunta: ¿Yo soy real? Pero ha sido su forma de vida lo que lo ha llevado a tal extremo. Por mi parte, Ulises es real al menos en el plano al que yo pertenezco.

Porque Ulises no vive en un mundo subordinado al mío, sino en el mismo. Yo no he inventado a Ulises: ¿Acaso no lo he visto sentado, mirando las estrellas? Conozco su historia completa y no dudo de ella. Desde mi posición, es más real que tú, lector. Y te pregunto, ¿eres real?

Si en algo he mentido es en el nombre. Él prefiere no ser identificado con nadie que esté fuera de este relato. Esta ha sido la condición para que pueda contar su historia. Pero he sido yo quien ha elegido llamarlo así. Parecerá ironía mi elección, pero no se dejen engañar menospreciando un nombre. Los nombres pueden ser poderosos. Para cada quién, descubrir su verdadero nombre es descubrir también su destino.

Pobre Ulises. Su destino ha sido emprender un viaje del que tal vez nunca regresará.