XI
El sueño es una prueba de que la fantasía, la ensoñación referida a lo que no ha sucedido, es una de las más profundas necesidades del hombre. Esta es la raíz de la traicionera peligrosidad del sueño. Si el sueño no fuera hermoso, sería posible olvidarlo rápidamente.
Milan Kundera, La insoportable levedad del ser.
Era como si el tiempo se hubiese detenido.
Ulises caminaba por su sala como un fantasma. Rodeado de tinieblas, se sentó en uno de los sillones y tomó agua lentamente del vaso que llevaba. A continuación, miró de nuevo el reloj que colgaba de la pared: 4:17.
Después de tres horas de estar acostado en su cama, incapaz de dormir, se había levantado para tratar de aclarar su mente. Tras acostarse de nuevo, había resistido otra hora la terrible tortura. Finalmente, se había levantado por segunda vez y ahora miraba hacia la calle desde las sombras de la sala.
Hasta ahora, había tenido una de las peores noches de su vida. No sólo porque no pudiera dormir, ya que en realidad se había quedado dormido por unos minutos en tres ocasiones. Pero en esas tres ocasiones sus sueños habían sido auténticas pesadillas, diluvios de oscuridad que parecían durar una eternidad y que sin embargo sólo consumían unos segundos de aquella noche interminable.
Mientras tuviera los ojos abiertos y alguna luz penetrara en sus pupilas, incluso la débil luz del alumbrado público en la calle, la serenidad regresaba lentamente a él. Pero al cerrar los ojos, la oscuridad lo invadía y las sombras volvían a su mente. De pronto eran demasiado fuertes como para contenerlas y lo arrastraban en un torbellino de niebla negra que borraba el mundo y extinguía la razón.
Entonces despertaba acostado en un callejón vacío y sin luz. Arriba, los techos de las construcciones informes que lo rodeaban hacían imposible mirar el cielo. De pronto, se sentía acechado, como si una oscuridad aún mayor se acercara desde atrás: Una negrura que parecía encerrar el peor de los horrores.
Echaba a correr y descubría que todo era un laberinto. Los callejones se bifurcaban y serpenteaban una y otra vez y era imposible saber si avanzaba o retrocedía. Sólo pensaba en alejarse de aquello que lo perseguía; la presencia parecía acercarse poco a poco desde una dirección fija.
Finalmente un callejón acababa en un espacio abierto y él se veía subiendo una pequeña colina, corriendo sobre un pastizal bajo un cielo nublado. Entonces se detenía a respirar y miraba hacia atrás. En el horizonte se notaba un cambio: Un círculo nacía lentamente.
Pero el disco no iluminaba, sino lo contrario: Un sol negro salía en el horizonte y devoraba la luz. Se elevaba rápidamente en el cielo y crecía cada vez más. El sol era un agujero, un hueco en medio del cosmos, un abismo de vacío que robaba su esencia a todas las cosas, una mancha de oscuridad absoluta en el cielo. Se había tragado ya las nubes y luz de las estrellas moría rápidamente. Pronto atraparía a Ulises con su titánica fuerza.
Entonces despertaba torturado por la angustia. Pero esta última vez, en que Ulises se quedó dormido en su sala, hubo un cambio. Una voz que de inmediato reconoció pronunció unas palabras que provenían de otra noche que de pronto recordaba. Sonaban como un eco, como un susurro de un recuerdo que primero parecía nunca haber existido, pero repentinamente se volvía real y presente.
No temas. Algún día encontrarás lo que necesitas para llenar ese hueco.
Entonces en el cielo apareció una estrella roja y con su resplandor se enfrentó al círculo negro. En ese momento, Ulises se despertó levemente y en la frontera entre los dos mundos que son la vigilia y el sueño, se oyó a sí mismo susurrar: Es ella.
3 comentarios:
Interesante, en este texto tuviste más errores de escritura que en los pasados.
El mundo de los sueños es algo dificl de entender y de explicar.
Seguire pendiente de tus entradas
Ya revisé el texto en busca de errores y sólo encontré uno (segundo en lugar de segunda). ¿Hay más?
Por cierto, gracias por tu comentario.
te estuve esperando, y ya se acabo el año...
bueno, le quedan un par de horas...
Feliz año!
Publicar un comentario