domingo, septiembre 02, 2007

Olvido.

Y de repente todo regresa a mí.
Todas esas tardes, todas esas pláticas, todas las palabras que cruzaban el aire, permeaban nuestros pensamientos y nos acercaban.
La luna y las estrellas plasmadas en nuestros ojos, pedestales de marfil que nos daban el derecho de anhelarnos uno al otro.
La cafeína como nuestro medio, nuestra excusa y nuestra más grande ambición.
El deseo de tocarnos, de acariciar nuestra piel y sentirnos como uno solo, pero el más irrevocable respeto, el miedo a pertenecer que nos tornó fríos y despegados.
Increíble cómo puedes sentir una conexión tan fuerte que puedes respirarla, que puedes tocarla pues por su fuerza se vuelve tangible; y al mismo tiempo, sientes que las leguas marinas de la separación física se vierten sobre tu mente, atormentan tus pensamientos y te vuelven vulnerable y paranoico.
No estoy solo en esto, y lo sé, no te debo nada, y también lo sé... no puedo olvidarte, y no lo sé.
Cera y escritos... cera y escritos que inmortalizaron mis sentimientos, mis dudas y mis temores, cera y escritos que no volveré a ver jamás, si el destino me es frágil y cruel como hasta ahora... cera y escritos que se volvieron mementos cuando debieron de ser frugales memorias frescas en mis manos, en mis labios y en mis brazos.
Y el ciclo continúa... me vierto en mis palabras y consigo después de meses de sequía poder transmitir mi locura esquizofrénica a través de un medio tan poroso e inerte que se vuelve colorido con las yemas de mis dedos.
Y tu cabello, el mechón que conservo y que no puedo evitar voltear a ver de vez en cuando, no en vida sino en mis sueños, mis más tristes y melancólicas recolecciones... te doy vida con mi imaginación, y por el más efímero de los instantes, en un parpadeo eterno y alucinante, eres mía y de nadie más...
... y yo soy tuyo, y no le pertenezco al mundo sino a tí. El Universo nos voltea a ver con envidia, con desdén, y las miles de millones de estrellas que patronizan nuestra existencia se voltean con repulsión, pues no pueden contenerse ante una felicidad tan grande y a la vez tan falsa.
Las estrellas que dictaron nuestro fin, que encaminaron a mis pies hacia tí, y que también me alejaron. Las estrellas que me fascinan, que me evocan sentimientos y sensaciones y emociones exhilarantes. Las estrellas con las que te conquisté, las estrellas con las que luché por tí, astros y cosmos por los que gané y perdí y eventualmente desistí, sin realmente quererlo.
Y aún así... mis amores prohibidos. Mi falta de legalidad, mi deseo por el desconocido, mi obsesión por el infinito y mi búsqueda ineludible por la más grata de las trascendencias.
Día con día, noche tras noche, momento a momento y segundo a segundo no puedo evitar pensar en ti, pero no por ti, sino por mí. No puedo sacarle la vuelta a mis propios demonios, a mi deseo de saber tantos porque, tantos como, tantos “que habría pasado sí”. El hubiera no existe, pero yo sí. Y en mi existente vivir no puedo consolarme de concebir las ideas que atormentan mi caminar, mi pensar y crear, mi sumar y restar, factorizar e integrar… ¿pensarás en mí como yo lo hago en ti?
Y el olvido, de nuevo el olvido que va y viene como las grandes olas de un océano que, incesante, arrulla lo poco de humanidad que me queda.
¿Qué me queda, si no estas tú?
¿Qué me sobra, si te llevaste todo lo que era?
¿A qué aspira un alma en pena? ¿Qué puede conseguir? ¿Quién la seguirá?
Pero los fanáticos van y vienen, sorprendidos. Los planos de existencia se disuelven cuando logras romper esa barrera. Mas lo que hay detrás del último de los obstáculos no es una recompensa, es un castigo eterno. Y el castigo es la soledad.
Nadie me acompaña en esta travesía, donde no me queda nada porque me conozco a mí mismo, te conozco a ti, y nos conozco a nosotros.
Sin embargo, no nos puedo separar. Dentro de mí sé que tú tampoco, por más que lo querías, por más que insistías. No podría odiarte, no puedo odiar… pues odiar invoca intención, y mis intenciones son tan claras que pierden el sentido.
Mas tú continúas, y yo no… ¿qué me lo impide? Me lo impides tú, el por qué se vuelve monótono, pierde el color y se concentra en llamar mi atención. Grises contrastes confunden mis pensamientos, aletargan mis emociones y vuelven ignorantes mis aspiraciones.
Y así, tan confuso como comencé, logro evadir las responsabilidades, así como tú lo hiciste… jalé del gatillo pero fui lo suficientemente astuto como para esconder la mano, pero este hedor a pólvora no me lo quitará jamás el más fuerte de los perfumes, la más grácil de las compañías, o la más inocente de las tertulias. Esta cicatriz no cierra, porque no quiere cerrar, no perdona porque no quiere perdonar… no olvida porque no puede olvidar…
Está en el pasado, sí… mas no en el olvido.

Emilio (23c0n).

4 comentarios:

Moi Lolita dijo...

Yo quiero tener una musa como la tuya para escribir así :)
me encanta como escribes...

no olvides nunca, haz nuevas memorias... está claro que no podemos cambiar el pasado, pero así como tú dices y yo pienso... somos nosotros quienes formamos nuestro futuro, haz nuevas y hermosas memorias en las cuales no existan esos vacíos que deja el "hubiera"

saludos emElio
te quiero!

Anna Cecy
p.d. you can't rewrite and edit.

Moi Lolita dijo...

tu escrito me hace pensar en el queso gruyere

bisous!

Aralóm dijo...

"Y el castigo es la soledad.
Nadie me acompaña en esta travesía, donde no me queda nada".

Esa frase...

Mikah dijo...

EMiliO:

te queremos.

m.