sábado, septiembre 15, 2007

Deus est Tempus in Veritas,

Hace mucho rato ya que quería escribir sobre mis pensamientos, pues es algo que amo y que desgraciadamente no había tenido tiempo de hacer. En teoría, ése tiempo todavía no lo tengo, pues debería estar terminando mis tareas en este momento para poder asignar tiempo de ensayar en la noche y mañana. Sin embargo, no puedo evitar sentir estas ganas de escribir, entonces haré todo a un lado por un rato, y seguiré mi instinto.

Es curioso, verdaderamente lo es para mí, cómo la gente dice que no tiene tiempo. Personas van y vienen, pero las excusas se mantienen. Hombres y mujeres nacen y mueren con las mismas palabras en la boca: no tenían tiempo, no tuvieron tiempo, no tienen tiempo, no tendrán tiempo, no han tenido tiempo, y todos los irónicamente llamados "tiempos verbales" que se les ocurran. Mas nadie se detiene a pensar en esto (probablemente por falta de tiempo, así de irónica es la idea). El tiempo es finito, es estable, y es una cantidad que no puede ser modificada. Cuando alguien dice que no tiene tiempo, lo que realmente está diciendo es que no puede darse el lujo de dejar de hacer otras actividades.

El tiempo sigue ahí, impasible y caudaloso, sin la posibilidad de ser detenido o incluso frenado hasta cierto punto. Sin embargo, la gente, en su increíble y osado antropocentrismo, cree tener poder sobre él, y lo maneja a su antojo. Ya he mencionado varias veces que creo que el primer Dios que creamos, el primero en verdad, fue el tiempo. No tenemos control sobre él, pero él tiene todo el poder que le podríamos conceder a una deidad fabricada. Nos observa, nos manipula, y juega con nuestra existencia desde lo más alto de su pedestal. Le rendimos honor al utilizar imágenes del tiempo todos los días... tenemos rendiciones a su culto en nuestras paredes, en nuestras calles, nuestros edificios y nuestros anuncios. Tan increíble es nuestra rendición que cargamos figurillas del tiempo en todos nuestros aparatos electrónicos... y en nuestras muñecas.

Lo queramos o no, el tiempo nos obsesiona, nos provoca y nos mantiene despiertos por las noches. No hay manera de imaginar la existencia vigente sin tiempo, o sin una noción de tiempo equivalente. El tiempo ejerce fuerzas inigualables sobre nosotros, nos parte y carga sobre nosotros una responsabilidad que no tiene par.

Es curioso pensar en cómo sería la vida sin tiempo. Honestamente no puedo imaginarlo del todo. De una u otra manera recaigo en formas distintas de medir el paso de los días. Sin tiempo no hay historia, sin tiempo no hay futuro, y cosas tan inverosímiles como el día y la noche se volverían tan confusas como el tratar de definir conceptos arcáicos e intangibles como el odio o el temor.

A final de cuentas, no hay manera de eludirlo, creo yo. Si no lo inventábamos nosotros, eventualmente alguien lo habría hecho y habríamos terminado igual, creo yo. Es un pensamiento nadamás, puesto que mi tiempo se acorta (el asignado a este pensamiento, claro está, no me siento calificado como para permitirme decir que no tengo tiempo), y ahora es tiempo para que yo me retire.

Emilio (23c0n).

2 comentarios:

Moi Lolita dijo...

no puedes tener tiempo
no puedes no tener tiempo
porque nadie es dueño de éste...


saludos emilio

Aralóm dijo...

Entonces soy uno de sus más fieles adoradores.