viernes, septiembre 21, 2007

... de cuando.

Hoy vengo a ustedes con una compilación de pensamientos. Me encuentro en un alto grado deprimido, viejas cosas me están volviendo a pegar, y otros sentimientos encontrados con gente en particular también me pesan el día de hoy más que anteriormente. Creo que poco a poco, como con el sistema pluvial de esta porquería de ciudad, los canales de filtración que tenía se han acumulado de basura.

Así que ahora les cuento...

... de cuando sientes que has vivido lo mismo miles de veces, y no por el simple hecho de sentir un deja vú. No, esto trasciende las fronteras de lo esotérico. A lo que me refiero con esto es cuando sientes que has recibido un castigo más veces de las que lo merecías, de cuando te sientes solo aún y cuando estás acompañado, de cuando cometes el mismo error innumerables veces, hasta que pierde un sentido imposible de recobrar por cuenta propia. Esas veces en las que quieres simplemente dejarte caer de rodillas, alzar los puños al cielo y gritar injusticia, gritar ira y gritar decepción... pero que no lo haces, porque sabes que el único que se atormenta, eres tú. Y siempre lo has sido tú. Es en momentos como ese en los que te das cuenta de la falacia que vives, de la mentira en la que te desarrollas y la basofia que asumes día tras día. SSDD: Same Shit, Different Day.

... de cuando te fijas en los pequeños detalles, pero tomas por sentadas las grandes cosas que no deberías asumir por adelantado. Como cuando puedes recordar las prendas que usó ese amor que se fue y no volverá el día que se conocieron, los temas que conversaron, lo mucho que te intimidó su presencia, y no puedes recordar qué salió mal. O como cuando puedes tener presente la textura de la piel de esa persona a quien tanto añoras, cómo retuviste la sensación de su calor junto al tuyo, de cómo acariciaste la gentil forma de su cuerpo durante largas horas absortas y abstractas, y no puedes recordar los temas de conversación, las miradas furtivas. Sé que esos son dos extremos pero pasar por ambos es posible, y altamente comprobable. Lo más difícil de recordar los pequeños detalles es evitar la esencia que los une, los amarra y les permite coalescer en una imagen completa más grande de lo que jamás imaginaste. Lograrlo es una hazaña, pero perfeccionarlo es un arte.

... de cuando te conoces a tí y a tus demonios, todas esas sombras que te siguen día con día, pero que por la noche se mezclan con las sombras del mundo entero, creciendo y atormentándote en su vehemente existencia. Yo sé quién soy, y sé por qué soy así. He encarado de frente a mis demonios, luchado con ellos y ganado. Sé que estoy del otro lado, pero no puedo evitar recordarlos. Poco a poco los he hecho a un lado, he vencido a los más grandes, pero los pequeños son muchos, y al acumularse crecen. Pese a las circunstancias, conocerme a mí mismo aunque me ha traído grandes "bendiciones", por decirlo de una manera banal, se ha convertido en una especie de presencia, porque ya no me permite el beneficio de la duda tampoco. Hacer cosas día a día me hace dudar mucho menos en mí mismo, pero mantiene esa constante presión del saber por qué haces las cosas. La ignorancia no es la felicidad, pero el conocimiento me vuelve más infeliz aún.

... de cuando tienes pláticas aleatorias, algo que yo amo más que a nada en el mundo, las dulces y amenas tertulias que se desarrollan de la nada. Día con día tengo más presentes las tertulias porque cada vez son más escasas. Recuerdo días en la prepa en los cuales las tertulias estaban presentes prácticamente a todas horas. Siempre había algo que cuestionar, una razón para fundamentar o una opinión por juzgar, pero esos días están ya muy atrás. He tenido tertulias muy interesantes, pláticas filosóficoas sin ningún propósito definido que saltan de un tema a otro de manera espontánea y con un flujo natural que es casi tangible, y con personas igualmente aleatorias: el papá de Oskie, el gerente del Quichao, con Cess del otro lado del mundo, con uno que otro vago o briago... y son esos momentos en los que trasciendo. Mi acento cambia, mi dicción mejora, y mi mente se siente abierta, vibrante, despierta. Son momentos como esos en los que siento esa conexión astral con los Altos Mandos, fuerzas reguladoras que me encantaría pensar imparciales.

... de cuando me gusta escuchar pero nadie me escucha, porque soy muy abierto en muchos aspectos, he escuchado de otras personas que sienten que cuando hablan conmigo no los juzgaré, no los veré raro, y no me alejaré sin importar lo que me digan, confiesen, divulguen, y aunque no es del todo cierto, sé que me gusta escuchar, porque me gusta escuchar. Mas, algo bien raro, es que casi nadie me escucha. Y no es porque no me gusta hablar, al contrario, muchos que me conocen saben que amo entablar conversaciones, conocer gente nueva y demás, simplemente que verdaderamente hablar, no me nace con todos. Muy pocas personas inspiran en mí el deseo de transmitir mis emociones y sentimientos, y siento que cada vez son menos. A veces me siento forzado a hablar sobre temas que normalmente no trataría, tanto para dar a entender un punto como para ventilar alguna mala vibra, pero eso se está volviendo molesto y un tanto irritante...

Iba a escribir más, pero honestamente ya no quiero, acabo de perder el hilo de pensamiento, y no creo poder recobrarlo ahora...

Emilio (23c0n).

2 comentarios:

Moi Lolita dijo...

como que medio te desahogaste
medio
porque entrabas en un tema y luego luego te salías... sólo introducías...
en fin..
a mí me encanta platicar contigo
:)

miss you
(K)
Anna Cecy

Aralóm dijo...

Cuando cada día no es más que la repetición del día anterior...

Es de las cosas que más insoportables y deprimentes.