jueves, mayo 03, 2007

La Trascendencia de lo Intrascendental.

Vaya, ya llevaba rato que no me aparecía por aquí, pero hoy traigo un mensaje bastante interesante, que de hecho nace como la respuesta a una nota que puse el buen Rafael "nuk3" Cárdenas en su Facebook (pronunciado Feisbuc). Su nota me provocó bastante sentimiento. Por un lado, porque me identifiqué de manera más que instantánea, si tal cosa es físicamente (que de hecho no lo es, pero entienden el punto) posible, a la idea que planteaba; y por el otro lado, me sentía enojado de que fuera verdad, no sólo porque me sucediera tanto a mí como a él, sino por el simple hecho de que sucediera en general.

En su nota, Rafael hace la ya hasta satírica pregunta que nos acosa y nos acecha y nos sofoca día con día... Esa misma pregunta que todos, sin importar etnia, estrato, nivel o distinción nos hacemos no menos de miles de veces a lo largo de nuestras vidas... Esa misma pregunta que pervierte nuestras mentes y marchita nuestros corazones en los momentos de mayor oscuridad, no porque la respuesta no sea placentera, o por el dolor que pueda causar, sino porque no hay respuesta...

¿Por qué estamos aquí?

He ahí la respuesta a la pregunta más vieja que ha mistificado y reconstruido a filósofos, artistas y tertulios por miles de años. La pregunta que no permite, que no tolera, y que no beneficia tampoco. Y donde Rafa difirió hacia una persona inexistente, que tocaré mentalmente más adelante, me gustaría hacer una pausa para tratar de si no responder la ineludible, tratar de darle sentido. Por supuesto, esta pregunta no tiene una sola solución, y de hecho la colección de soluciones que he conocido a través de los años carecen de un patrón, por lo que prácticamente cualquiera podría ser correcta, y ninguna a la vez.

Y es esta incertidumbre la que me lleva a la respuesta que más me convence. Para mí, y para muchos más, estoy seguro, es el deseo de trascendencia el que nos lleva a la pregunta previamente estipulada. Y no, no me refiero al pensar algo como: “Sí, quiero ser completamente filántropo, y dejar mi huella en el mundo, y que los pequeños niños de las generaciones del mañana me recuerden como un magnánimo ser humano que trajo felicidad y buenos deseos y flores y muchos colores a la Tierra, que inducirán calor a mi ya muerto cuerpo”… no, no es así, pero, sirviendo a la justicia, también se encuentra alejado del: “No, yo quiero repartir odio, suciedad, inmundicia y temor… mi dolor es constante y agudo, y no quiero un mejor mundo para nadie, de hecho, quiero que mi dolor sea impuesto y repartido para todos, quiero que las generaciones del mañana me recuerden con miedo, con ira, y con sed de una venganza que jamás se completará puesto que estaré muerto”.

Para nada… no, ávidos lectores, la respuesta que les traigo es miles de millas náuticas más sencilla, más precisa, y, en aras de la claridad, más humilde. Nuestro verdadero deseo, como Rafa ya previamente lo estableció, no es que los demás nos recuerden. Buenos o malos, todos los individuos y las personas (a favor de lo políticamente correcto, como estoy seguro que no lo apreciaron en la oración anterior, a quien sí, un chocolate) buscan trascender. Ya sea con excelentes acciones o con pésimas ejecuciones (o cosas por el medio, como buenas acciones con horribles resultados, para más información, ver Hitler), todos buscamos ser recordados. Y a final de cuentas ésa es la respuesta a la pregunta anterior… por más pretencioso que sea, la respuesta a la pregunta del por qué detrás de nuestra existencia es simplemente el deseo de trascender. TODOS, sin excepción, buscamos trascender. Es la diversificación de la manera en la cual queremos trascender la que se ramifica en la miríada de opciones diferentes de responder la pregunta, mas todas caen en una sola categoría.

Es éste deseo de trascender el que se ha convertido, bajo mi criterio personal, en el nuevo pecado original. No soy una persona religiosa, por así decirlo, pero el deseo de trascender es algo que yo creo firmemente nace junto con nosotros, y muere con cada persona por igual. Y es una imagen increíblemente triste, dígase la verdad, el pensar en un mundo lleno de expectativas y deseos, que sabemos de antemano que no pueden cumplirse. Muchos de estos deseos, de estas aspiraciones, de estos sueños, chocan entre sí. Al entrar en conflicto, es absolutamente predecible que unos perderán ante los otros. Para que haya ganadores, debe haber SIEMPRE perdedores. Es el orden de las cosas, la cláusula de la evolución, si así lo prefieren.

Y es deprimente, mucho, que tantas almas sin pena (aún) sufran día con día el aplastamiento de ideales, todo por haber nacido con la expectativa, con el deseo de trascender. Pero no, muchos piensan que ese deseo de trascendencia tiene escala Universal, global o incluso continental, mas no es así.

Para todos, el deseo de trascender no traspasa generaciones. ¿Qué importancia puede tener que gente totalmente ajena a nosotros nos recuerde de una u otra manera? Ninguna, les puedo asegurar. La trascendencia es una acción interpersonal, así como intrapersonal, entre un individuo y a quienes estima. Mas, si son listos, se dan cuenta de la aberración que se presenta aquí… Solamente nos interesa la opinión de una persona.

Claro, todos podemos decir que nos importan las opiniones de nuestros padres, amigos, allegados y demás, pero todo eso recae en vacío al compararlo con la opinión de esa persona. Esa persona que nos hace sentir diferentes, que nos mueve por dentro y por fuera, que nos provoca reacciones y que nos hace sentir vivos. Solamente nos interesa una opinión, muy adentro, y ahí recae la ironía, la culpa, el castigo.

Muchos no tenemos a esa persona. Muchos probablemente nunca la conozcan. Pues entre las miles de millones de parejas que existen en el mundo, pocas, muy pocas, son verdaderas parejas, muy pocas se complementan. La verdadera trascendencia no sería, entonces, un proceso interpersonal e intrapersonal, sino cohesivo entre dos individuos.

No existe un balance, pues sería ridículo de por sí pedirle balance a algo que es tan intangible en naturaleza. La búsqueda de esa impresión, como lo mencionó Rafa, en la otra persona es lo que nos alimenta día con día, lo que evita que acabemos nuestras vidas, y que provoca que noche tras noche pasemos tranquilos en sueños de altos mandos y suculentas riquezas, para luego abrir los ojos mañana a mañana y seguir con la rutina. No rutina de oficina, sino rutina de vivir. Muchos evaden esa responsabilidad, la responsabilidad de saber quiénes son, por qué se mueven, de dónde vienen y a dónde van, y viven felices. Otros tantos, menos afortunados, sobrellevan esa pesada carga sobre los hombros, y, como yo y muchos más de ustedes, siente que el mundo entero se posa sobre ustedes, los aplasta a risotadas, y espera más de lo que creen que pueden dar.

Difiero con Rafa en cuanto a que esta pregunta es opcional, pues se manifiesta frente a nosotros en cada ente viviente con quien cruzamos palabras, emociones, siquiera miradas. Nos acecha como una sombra que se ríe de nosotros y nos manipula a seguir viviendo, irónicamente, bajo estándares ridículamente altos que muchos no logran completar, y que nunca serán por lo mismo complementados.

Vivir es intentar, lograr es trascender… y ese será mi lema en la vida. Todos podemos vivir, y al vivir intentar, pero pocos lograremos trascender.

Algún día, Rafa, eso sí… y espero que para mí también.

4 comentarios:

berumen dijo...

pues si, trascender es lo que todos quieren, a veces como que esta escondido, o a veces esta directo pero tiene otro significado, como lo es mi sueño, yo se que parece bastante imposible jaja, pero mi sueño es ganar el premio nobel, descubrir algo en fisica que realmente cambie el modo de ver todo, el modo en que vivimos, pero a decir verdad, mas que para ser reconocido por todos y estar en los libros de historia (que no digo que sea malo) lo hago mas por mi, es una meta, ganar el nobel, aunque se que ganar el nobel implica que seas reconocido como muy bueno por otro, sigue siendo como que un sueño mio, y pues asi tambien puede ser al reves, alguien puede decir que no quiere trascender y que su sueño es solo tener una familia o algo asi, pero que no es trascender a fin de cuentas eso? dejas tu legado en tus hijos, tu cultura, tu conocimiento, a fin de cuentas es como si estuvieras pasando a la historia, porque trascender, como ya lo dijo 23c0n (creo jajaja, no se si malinterprete) no se trata de algo masivo, puede ser en un pequeño grupo y ya, y pues en cuanto al significado de la vida, eso de porque estamos aqui y todo, pues igual y no es necesario andarse rompiendo el coco con eso no? porque a mi parecer no es como que existimos por una razon, eso implicaria que ya tenemos un destino predeterminado y que aun sin saberlo nosotros y sin quererlo vamos a hacer alguna cosa que afecte de alguna manera, me gusta pensar mas que tenemos libre albedrio o como se diga jaja, entonces, mas que existir por una razon yo creo que las razones existan para nosotros jaja (espero que no haya dicho una estupides)

TVX dijo...

de hecho el punto de berumen es muy bueno, y tiene mucha razón, eso de decir que si ya tuvieramos un propósito de vivir entonces no tendría sentido vivir, lo cual es demasiado obvio, ahora que lo pienso, y por lo tanto podría llegar a anular la pregunta... ¿Será que entonces el por qué de vivir nos lo creamos nosotros? Yo creo que eso tendría más sentido. De ahí a como cada quien define una vida feliz y trascendente, a final de cuentas cada quien es libre de hacer lo que quiera y de buscar lo que quiera también.
Pero para mí, esa razón, es esa persona. Vaya que sí.

Muy chido post Emilio, deberias de configurar tu Feisbuc para que pezcara las RSS feeds de tu blog y se publicara también en tus notes... Luego te digo como.

Aralóm dijo...

Sí, yo también he pensado cómo trascender puede ser la fuente de todas las preguntas.

Alguien como yo jamás podrá aceptar la respuesta de dejarlo así y pensar que el propósito de la vida es ser feliz. Una existencia así me parecería hueca. Pienso en los millones que simplemente nacieron, se casaron, tuvieron hijos y murieron; en los millones y billones que aparecieron sobre la faz de la tierra, se desvanecieron para siempre y nadie supo jamás que estuvieron allí. No puedo soportar la noción de una vida así.

Comparto la idea de que sólo nos interesa la opinión de una persona. Pero en mi experiencia, sólo existe un candidato para ser el juez supremo de la trascendencia: es la persona más exigente, inflexible, rígida y cruel que podría atormentarnos con su juicio: uno mismo.

Uno tiene que cargar con ese peso de pedirse demasiado y nunca cumplir con lo suficiente. Y soportar la levedad (vuelvo a Milán Kundera) de su propia existencia.

Una vez Borges describió el descubrimiento del propio destino como el momento es que uno sabe, de una vez y para siempre, quién es.

Lo peor, lo trágico es darse cuenta de que uno es intrascendente hoy y ver que en el horizonte eso no da señales de cambiar. Ver que incluso sus metas, probablemente inalcazables, en ocasines parecen insuficientes, también son vacías; pensar en ocasiones que nada importa.

Moi Lolita dijo...

wow, dudas existenciales, creo que todos nos las hacemos en algún momento de nuestra vida.
muy interesante.
saludos emilio