lunes, febrero 12, 2007

El espectador (Partes II y III)

Aquí presento un poco más de lo que he estado escribiendo. Desde mi punto de vista, a partir de aquí se vuelve más... atractivo. A quienes no han leído las partes anteriores les pido que primero las lean antes de proseguir. A quienes leyeron el prólogo y la parte I, les aseguro que esto poco a poco irá ganando coherencia, conforme se empiecen a conectar las distintas piezas.

Por otro lado, le pido a cualquiera que lea esto que por favor ponga un comentario. No importa que no sea algo muy significativo. Sólo quiero saber si les está gustando y si por lo menos hay alguien que lo lea. Sin más preeliminares, a continuación coloco el texto.


El espectador


II

La vida puede ser una pesada y extendida carga. Los días se pueden volver largos e insoportables, incluso infinitos, cuando cada día es una repetición del día anterior. Es entonces cuando uno se pregunta cuándo llegará el descanso. Pero la vida sólo tiene un descanso definitivo, uno que no tiene sentido, porque ya no existe nada después. Por otro lado, el descanso temporal, el sueño, no siempre renueva las fuerzas. Los sueños pueden enviarnos a mundos lejanos que nos permiten olvidarnos de la realidad. Pero a veces los sueños nos traicionan, se convierten en extensión de nuestros días, nos recuerdan los conflictos internos que no podemos superar.

Ulises se despertó después de aquel sueño extraño. Se sentía alterado, porque el sueño había sido una verdadera bofetada. Aún sentía el vértigo y la nausea, aún veía el abismo entre los edificios, el pozo negro entre las luces de colores. Pero todavía peor era el mensaje que entonces había entendido.

Los sueños no están obligados a tener significado. Son tal vez meras coincidencias incoherentes de emociones y recuerdos que por un momento se parecen ilusoriamente a la realidad, hasta que despertamos y nos sentimos ridículos por haberles creído. Sin embargo, es probable que de vez en creamos que tienen un mensaje. No porque el sueño mismo tenga un origen sobrenatural o un propósito, sino por la mera casualidad de que los elementos aleatorios combinados sean tales que nuestra razón los pueda organizar con cierta coherencia.

Eso pensó Ulises esa mañana cuando se dio cuenta de que ni siquiera dentro de sus sueños podía volar: Una cruel metáfora surgida de meras coincidencias. Pero no tuvo mucho tiempo para pensarlo. El despertador sonó unos segundos después y se dio cuenta de que esa noche no había descansado, y que tenía que desayunar y vestirse para ir a la universidad.

Estaba atrapado en su rutina, en sus días repetitivos y en su propia forma de ser. Su vida era aburrida. No porque se hubiera equivocado de carrera o porque no le encontrara sentido a estudiar. Eso lo hacía bien, con cierto gusto, pero no era suficiente. Nada nuevo sucedía nunca, excepto problemas desagradables o preocupantes relacionados con la escuela.

III

Cuando abrió los ojos y se levantó del suelo, estaba casi en el borde de una terraza enorme y vacía. Era de noche y en cielo negro brillaba una sola constelación, nada más. Las estrellas formaban una línea recta, atravesada perpendicularmente por otra, como una cruz. Pero la línea horizontal se curvaba hacia arriba en cada lado, quedando la figura como una trinche, o quizá la letra griega psi Ψ. Ulises no conocía las constelaciones, pero estaba seguro de que esa no podía existir.

Miró hacia el borde y descubrió que estaba sobre un edificio muy alto rodeado de edificios menores, cuyas luces brillantes le recordaban aquéllas de La noche estrellada, de Vincent van Gogh. Después recorrió con la vista el resto de la terraza, apenas iluminada de blanco por las lámparas que se alzaban sobre un poste en cada una de las cuatro esquinas.

Entonces se percató de que no estaba solo. Al otro extremo de la terraza, se distinguía una silueta oscura. Caminó hacia ella lentamente, sobre el suelo de cemento, sintiendo el aire fresco que corría. Sus pasos hacían un leve eco, combinado con el crujir de pequeñas piedras sueltas. Todo lo demás era silencio.

Los detalles de la silueta eran difíciles de distinguir con la falta de luz. Era una figura encapuchada, vestida de negro. Parecía mirarlo en silencio, de pie, con los brazos cruzados. Cuando Ulises se acercó más, distinguió sobre el rostro de ésta una máscara blanca. La máscara era muy cruda, a penas un cascarón liso y curvo, con orificios elípticos para los ojos y la boca, a través de los cuales nada se veía.

—Bienvenido a mi mundo— pronunció el hombre con voz grave y solemne, a la vez que abría los brazos.

Ulises se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. Pero la figura avanzó hacia él y poniéndole una mano sobre el hombro, lo hizo avanzar hasta el borde. El muchacho miró las calles, los edificios, las luces.

—He creado este mundo especialmente para ti, Ulises—, continuó. —Estoy seguro de que lo disfrutarás. Incluso, aunque yo lo he creado, eventualmente lo llamarás tuyo. Eso te lo puedo garantizar. Vamos, míralo más de cerca--. La voz era la de un hombre joven, de la edad de Ulises, pero no llegaba bien desde atrás de la máscara. Esa voz le resultaba familiar y extraña al mismo tiempo, como si la conociera desde antes, pero nunca la hubiera escuchado apropiadamente, y ahora tampoco lo hacía por la coraza blanca que separaba su rostro de aquél del extraño.

Lo observó de cerca. El viento agitaba la capucha, que no era más que el gorro de la sudadera negra que vestía. Un simple pantalón de mezclilla, zapatos y guantes, todos negros, escondían en resto de su cuerpo. Miró al hombre directo a donde estaría su rostro. La luz blanca se reflejaba sobre la lisa superficie: La máscara defendía perfectamente el rostro del desconocido. Los pequeños hoyos eran la entrada a abismos negros.

La figura misteriosa siguió empujando suavemente a Ulises hasta que lo hizo pararse sobre el delgado borde de la terraza.

—¿Quién eres tú? ¿Cómo sabes mi nombre?— se atrevió a preguntar al enmascarado.

—No te preocupes, nos volveremos a ver.

Y con un impulso firme, tiró a Ulises del edificio.

2 comentarios:

Gabriel Contreras dijo...

uh
yo si lo lei...

Mariana dijo...

A mí sí me está agradando =)...Siempre me ha gustado como describes las cosas (Y)